Se habla constantemente de preparar a las nuevas generaciones, de formar líderes capaces, de cuidar el legado… pero, ¿cómo llevarlo a cabo? En esta jornada hablamos de cómo crear espacios donde jóvenes y mayores puedan expresarse con libertad, de qué tipo de formación impulsa un liderazgo auténtico y humanista, y de por qué la cohesión multigeneracional es la clave para trascender de una generación a otra.
Exploramos:
Os ofrecemos un resumen de la presentación de María José Martín Rodrigo, profesora del departamento de Gestión Empresarial de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Pontificia de Comillas.
María José Martín Rodrigo comenzó la alocución aclarando que había cambiado el título de su presentación, que inicialmente era “Formación integral para asumir el legado”. Lo hizo porque para ella “la formación y el desarrollo van de la mano”. Estas dimensiones son inseparables cuando hablamos de preparar a las nuevas generaciones a la hora de asumir el legado de una empresa familiar y se apoyan en tres grandes objetivos:
Desde el ámbito universitario es esencial robustecer la preparación técnica de los jóvenes. Pero esta no puede entenderse de manera aislada: la empresa familiar es un proyecto que une lo personal y lo profesional. La trayectoria formativa debe estar alineada con una visión en la que el crecimiento profesional esté unido al desarrollo como persona.
Asumir un rol en la empresa familiar implica hacerlo en responsabilidades diversas: como miembro de la familia, accionista, colaborador o, incluso, consejero. Este proceso exige mucho más que una preparación técnica: requiere conexión con la motivación interna. El éxito no está tanto en lo técnico, en las habilidades más hard, sino en el interior, la fuerza y la pasión. Liderar desde dentro, con autenticidad y propósito, marca la diferencia.
La empresa familiar, en su esencia, no es solo una unidad económica, sino también una red emocional compleja. Reforzar el vínculo con ella exige enfocarlo desde desde miradas diferentes.
Vocacional y de identidad
Toda preparación parte del reconocimiento de quién soy, dónde estoy y a qué pertenezco. Sentirse parte del legado familiar va más allá de lo económico. Es importantísimo buscar y reconectar con el propósito y la vocación que permitan a los jóvenes alinearse con la línea de la empresa familiar. Dinámicas como el mentoring intergeneracional, los testimonios de herederos de otras empresas o ser conscientes de la historia del negocio familiar contribuyen a afianzar esa identidad.
Competencial y académico
Combinar habilidades técnicas y académicas con la inteligencia emocional es esencial. Las relaciones familiares y el comportamiento de cada miembro influyen directamente en la reputación de la empresa. Aprender a gestionar conflictos familiares, entender la diversidad de caracteres y actuar con empatía es tan importante como la gestión económica y operacional. No todas las relaciones son fáciles, pero deben ser gestionadas para atraer a aquellos familiares que generen conflicto. Y, en última instancia, si no es posible, dejar espacio suficiente para que puedan seguir su camino fuera de la empresa.
Convivencia generacional y de relevo
El tránsito entre generaciones es algo trabajoso que puede requerir de ayuda externa. Modelos como el coaching y la mentoría cruzada facilitan espacios de diálogo y colaboración. La formación conjunta de padres e hijos no solo fortalece la relación, sino que permite que ambas partes evolucionen juntas.
Emprendedor dentro del legado
Estamos en un entorno muy cambiante y muchas veces las generaciones fundadoras no se sienten preparadas o con fuerzas para abordar nuevos desafíos. Ahí los jóvenes tienen un papel clave. Proyectos de incubación interna permiten a las nuevas generaciones proponer ideas innovadoras, rediseñar modelos y explorar nuevas líneas de negocio, desde una mirada alineada con la sostenibilidad, la digitalización, o los modelos de igualdad, por ejemplo.
Emocional y psicológico
Nacer en una empresa familiar implica muchas veces sentirse observado por las generaciones anteriores. Esta presión puede generar un gran desgaste emocional. Por eso, es imprescindible crear espacios donde los jóvenes puedan expresarse libremente, verbalizar sus dudas y compartir sus ideas. Y también escuchar a los mayores, sus miedos y su tristeza ante la posibilidad de no ver continuidad del negocio en las nuevas generaciones. El liderazgo empático es clave para sanar heridas y construir puentes.
Es evidente que cada familia y cada empresa tienen una realidad única. Por eso, los itinerarios formativos deben adaptarse a esas particularidades. Un ejemplo ilustrativo es el de la propia María José Martín Rodrigo, que trabajó una joven con dificultades académicas, presionada por la empresa familiar para seguir un modelo de desarrollo profesional prediseñado. La falta de ajuste entre expectativas y capacidades personales generó una grave situación de conflicto, mostrando la necesidad de una formación más individualizada.
Así, el acompañamiento debe ser respetuoso, flexible y diseñado desde una perspectiva humana. No se trata solo de definir carreras o roles, sino de escuchar, ajustar y ofrecer alternativas formativas conectadas con el propósito y la vocación.
Como ejemplos prácticos de empresas familiares que han sabido conjugar y poner en marcha estos enfoques, la profesora Martín Rodrigo pone los siguientes:
Como conclusiones, en la empresa familiar coexisten dos fuerzas potentes: el poder y el amor. La gestión adecuada de ambas es vital para prevenir y resolver asuntos como celos, envidias, afectos y reconocimientos. Dar a cada uno lo que necesita (y no lo mismo a todos) es un principio que, trasladado al mundo empresarial familiar, puede marcar la diferencia.
Por otro lado, la formación integral debe conjugar vocación, emoción, competencia técnica y visión emprendedora. Solo así se puede preparar a las nuevas generaciones para asumir el legado con responsabilidad, ilusión y libertad.
El 90% del tejido empresarial en España está conformado por empresas familiares. En Madrid, esta cifra ronda el 85%. Consciente de su importancia estratégica, la Cámara de Comercio de Madrid se ha consolidado como un aliado natural para estas organizaciones. Así lo afirmó María Encinas, gerente de la Escuela de Negocios de la Cámara, durante su ponencia enmarcada en la jornada “Preparando el futuro: Aprender, participar y crecer en familia”.
En el encuentro, organizado por la Fundación Numa en colaboración con la Cámara, Encinas abordó los principales desafíos y oportunidades que enfrentan las pymes en 2025. Psicóloga de formación y con una sólida trayectoria en marketing e industria, subrayó el papel decisivo de la formación continua, la sostenibilidad y el liderazgo humanista en la evolución empresarial.
Las pequeñas y medianas empresas se enfrentan a un escenario cambiante, marcado por transformaciones tecnológicas, sociales y culturales. La líder de la Escuela de Negocios de la Cámara de Madrid identificó tres grandes retos:
Comunicación intergeneracional: El desfase entre generaciones, impulsado por el vertiginoso avance tecnológico, ha creado brechas que requieren nuevas estrategias de liderazgo y diálogo.
Gestión y fidelización del talento: Atraer y retener profesionales ya no depende solo del salario. Las nuevas generaciones buscan propósito, reconocimiento, posibilidades de desarrollo y flexibilidad.
Transición tecnológica y energética: La innovación ya no es opcional. La implantación de nuevas tecnologías y la ciberseguridad son claves para la sostenibilidad. Sin embargo, como señaló Encinas, “la sostenibilidad empieza cuando la empresa verdaderamente es rentable”.
Desde la Escuela de Negocios, se promueve un enfoque de liderazgo centrado en las personas. A través de actividades como desayunos mensuales, programas de liderazgo femenino y cursos sobre creación de equipos felices, se impulsa un liderazgo empático, consciente y comprometido.
“Si no me importa la gente que trabaja conmigo, no puedo tener un proyecto consolidado y con futuro”, sentenció Encinas.
Este enfoque propone conocer a los equipos más allá de su rol profesional, fomentando relaciones laborales saludables y resilientes.
Uno de los pilares de la ponencia fue la necesidad de construir una cultura de formación permanente. Encinas alertó sobre el riesgo que enfrentan las empresas de quedar fuera del mercado si las plantillas no se actualizan.
La Escuela de Negocios apuesta por una formación a medida, diseñada según los objetivos de cada empresa y ajustada a su realidad económica. Además, ofrecen asesoría para gestionar las bonificaciones disponibles en el sistema, un recurso aún subutilizado por muchas organizaciones.
“Posponemos la formación porque estamos a tope, pero es un error: si nuestros trabajadores no están preparados, estamos en riesgo”, advirtió.
Encinas presentó un análisis generacional que ayuda a entender qué valoran los profesionales de distintas edades:
Baby boomers: aprecio y reconocimiento, propósito, salario y liderazgo empático.
Generación X: aprendizaje, reconocimiento, equipo, salario y modelo de trabajo.
Millennials: desarrollo, propósito, equipo y flexibilidad.
Generación Z: aprendizaje, reconocimiento, flexibilidad horaria, teletrabajo y coherencia de valores.
Las empresas que comprendan estas diferencias y actúen en consecuencia, afirmó Encinas, podrán transformar a sus empleados en embajadores de marca, capaces de hablar positivamente de la empresa en redes sociales y otros espacios.
Destacó que el factor social también determina la felicidad en las organizaciones, por lo que considera conveniente un modelo híbrido que permita mantener la presencialidad.
Encinas también destacó la importancia de la presencia digital y la conexión con centros de formación. Desde la Cámara de Madrid, más de 200 alumnos en prácticas se integran cada año en empresas, muchos de ellos quedándose de forma permanente.
La fidelización y la atracción de talento se retroalimentan: una empresa que forma, cuida y motiva, también es una empresa que atrae.
En línea con los desafíos globales, la Escuela de Negocios lanzará este junio un máster en sostenibilidad organizacional, que busca capacitar a los líderes del futuro para integrar criterios sostenibles en la estrategia empresarial desde el inicio.
“La formación transforma a las personas”, afirmó Encinas. Y con esa premisa, subrayó que el aprendizaje continuo no solo capacita para enfrentar los retos empresariales, sino que empodera a los empleados, fortalece el compromiso y aumenta el valor de las compañías.
Con más de 4.800 alumnos en su haber, la Escuela de Negocios de la Cámara de Madrid se posiciona como un motor de cambio. Su equipo, en palabras de Encinas, está a disposición de las pymes madrileñas con una visión clara: poner a las personas en el centro y convertir la formación en el eje estratégico del crecimiento.