En esta sesión exploramos otra dimensión de las familias empresarias: aquello que no aparece en los balances pero sostiene todo lo demás. Las historias compartidas, la educación en valores, la forma en que se habla del trabajo en casa, la convivencia entre generaciones y la manera en que se acompañan las vocaciones. Entender cómo se construyen —y se transmiten— esas referencias emocionales y culturales es clave para que las nuevas generaciones desarrollen identidad, compromiso y criterio a la hora de integrarse en el proyecto familiar.
Exploramos:
El capital humano es un pilar fundamental del legado de la empresa familiar, tan importante como el negocio y el patrimonio financiero. Para su desarrollo, es esencial la transmisión de valores, vocación y principios dentro de la familia y la empresa.
Sobre ello expuso Raúl González Sánchez, director del Colegio Fray Luis de León, en su ponencia titulada «Educación emocional y en valores». Esta presentación formó parte de la primera sesión de un nuevo ciclo del Foro Empresa Familiar, celebrado el pasado 27 de marzo por la Fundación Numa, en colaboración con la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Madrid, en la sede de esta institución.
En esta primera sesión, denominada «El alma de la empresa familiar: emociones, principios y valores», Raúl González Sánchez enfatizó el papel que las «galaxias familiares» desempeñan en la educación emocional y la construcción de una cultura de compromiso y emprendimiento. A continuación, recogemos las ideas más relevantes de esta inspiradora intervención, especialmente dirigidas a madres y padres.
Pese a que el entorno social aumenta cada vez más su influencia sobre los jóvenes, la familia sigue siendo el pilar básico de construcción de las identidades personales, porque sigue siendo en familia donde ocurren los hitos fundamentales de todo individuo.
Desde su experiencia en el desarrollo personal y educativo, con un enfoque en la orientación de niños y jóvenes, González Sánchez afirmó que la enseñanza de valores y la vocación empresarial es un proceso para toda la vida, que comienza en la familia y se refuerza en la empresa. Los niños aprenden por imitación, por lo que es fundamental ofrecerles un entorno estable y comprometido.
«Las galaxias familiares, con su ejemplo, influyen en el desarrollo emocional y en la percepción, positiva o negativa, que las nuevas generaciones puedan tener del negocio».
González Sánchez destacó que la educación de padres a hijos debe incluir límites claros, evitando la sobreprotección. Afirmó que la capacidad de gestionar la frustración y enfrentar desafíos es clave para la madurez y el éxito personal.
«La enseñanza de hábitos de disciplina es una de las demandas más importantes en la educación. No se trata de imponer normas arbitrarias, sino de explicar lo que está bien y lo que no».
Añadió que los límites proporcionan seguridad a los niños e instó a los padres a ser perseverantes en los mensajes que quieran transmitir: «Tendrá que ser una lluvia fina y persistente en el tiempo, mucho más que chaparrones ocasionales».
Señaló que la familia debe retomar su protagonismo en la educación, ya que cuando los jóvenes tienen vacíos de información en «temas nucleares», buscarán llenarlos en otro lugar, con los peligros que ello implica. «Los niños tendrán muchos profesores, pero solo unos padres. En la medida en que ofrezcamos un hogar saludable y cálido, dejaremos un legado impagable».
No obstante, advirtió que «si eliminamos de los primeros años cualquier tipo de sufrimiento, no les permitiremos desplegar sus propios recursos». Recomendó evitar allanarles demasiado el camino y permitir que experimenten el esfuerzo y los errores como parte del crecimiento.
El experto aseguró que muchos jóvenes carecen de espacios de comunicación en el hogar, lo que afecta su desarrollo emocional y vocacional.
«Nuestros jóvenes anhelan la comunicación constante con sus padres, compartir tanto las cosas buenas como las preocupaciones. En casa, muchas veces compartimos el mismo aire, pero somos desconocidos entre nosotros».
Destacó que la familia sigue siendo el principal factor de protección ante la incertidumbre del futuro y recomendó involucrar a los jóvenes en los desafíos del hogar y del negocio familiar, adaptando la información según su edad y madurez.
Señaló que los jóvenes echan de menos el acompañamiento de sus padres cuando expresan sus aspiraciones profesionales y que estos deben gestionar con cuidado la influencia que ejercen, directa o indirectamente, sobre las vocaciones de sus hijos.
La percepción del trabajo en el ámbito familiar influye en la visión de los jóvenes. Es esencial transmitirles entusiasmo y pasión por el trabajo en lugar de un discurso negativo sobre el esfuerzo y la vida laboral.
González Sánchez invitó a los padres a no infravalorar la importancia de la actitud con la que afrontan el día a día. «La queja constante afecta la salud emocional y condiciona lo que transmitimos».
«Que en la vida el error sea una oportunidad de crecimiento y no una etiqueta en la cual quedarse anclado».
Destacó la importancia de centrarse en los procesos, en lugar de idealizar demasiado los resultados, y enseñar a los hijos que el esfuerzo es lo que lleva a la autorrealización. «A veces, uno trabaja mucho y no siempre consigue lo que espera, pero el proceso también tiene valor».
La inmediatez y la falta de resistencia emocional están marcando a las nuevas generaciones. Por ello, es necesario equilibrar emoción y racionalidad en la toma de decisiones vocacionales y fomentar la independencia con un acompañamiento adecuado.
González Sánchez afirmó que la educación debe incluir inteligencia emocional en todas las asignaturas. «Las características de los jóvenes actuales, carentes de resistencia y sometidos a la inmediatez, responden a los valores que el marco social les está inculcando».
Finalmente reiteró que, en cualquier ámbito de trabajo, el factor humano sigue siendo un elemento decisivo y diferencial.
«El resultado trasciende nuestras propias vidas, porque no somos perfectos, pero sí somos ejemplos. Somos el reflejo de lo que hemos visto hacer. Ánimo con esa enorme responsabilidad de que nuestros actos y comportamientos son los que dan sentido a nuestra existencia. Al final, toda esa enseñanza es la mejor inversión que podemos hacer en el capital humano».
continuación, ofrecemos un extracto de la entrevista mantenida por Ricardo Molina de la Fundación NUMA y los hermanos Ana y Eduardo Muga durante la primera jornada del ciclo “Talento, nuevas generaciones y continuidad sostenible del negocio familiar”, organizado en colaboración con la Cámara de Comercio e Industria de Madrid el pasado 27 de marzo.
Ricardo Molina: abrimos un primer bloque sobre orígenes y valores de la empresa familiar. ¿Cómo fue vuestra infancia dentro de la familia Muga y vuestros primeros contactos con la empresa?
Ana Muga: nacimos en San Sebastián y nos criamos entre allí y Haro. Desde pequeños tuvimos contacto con la historia de nuestros abuelos a través de nuestro padre, Manolo Muga. Pasábamos fines de semana, Semana Santa, Navidad y agosto con la familia en La Rioja. Recuerdo comidas familiares con nuestra abuela Aurora, paseos por las viñas con nuestro tío Isaac, incluso en Navidad, que nos hacía madrugar. Aunque al principio tuve menos contacto, en la adolescencia fui involucrándome más en la bodega.
Eduardo Muga: nosotros somos tercera generación. Mi padre trabajaba en Irún como director de aduanas, pero también en el negocio familiar. Íbamos a Haro con frecuencia, lo que nos permitió conectar con la tierra y el vino. No conocimos a nuestro abuelo fundador, pues falleció antes de que naciéramos, pero recuerdo el sitio de la Calle Mayor y las comidas con mi abuela. Sin darnos cuenta, nos inculcaron el gusanillo por el vino. En casa se hablaba de la empresa y de exportaciones: recuerdo muy bien las llamadas entre mi padre y el agente en Estados Unidos.
R. M.: ¿en qué momento llegó la vocación, sentir que queríais formar parte de la empresa familiar?
E. M.: cuando acabé la carrera no tenía claro mi futuro, pero sí que quería conocer cosas. Así que me fui a Londres a aprender inglés y luego trabajé diez años en General Electric. Pero siempre estuve en contacto con la empresa pues formaba parte del consejo. En 2007, cuando falleció mi padre, tuve que asumir su función en la parte financiera y comercial. Lo de la llamada de la empresa fue un proceso natural, pues llegó un momento en que combinar mi trabajo con la empresa era inviable. Pero es que, además, el mundo del vino siempre me gustó.
A. M.: yo me involucré más tarde. Trabajé en Mapfre, luego viví en Chile en 2006-2007, donde descubrí mi pasión por el vino. Hice un máster en vino chileno y me di cuenta de lo mucho que se podía hacer sobre enoturismo en España. Tras la muerte de nuestro padre en 2007 decidí reciclarme y conocer más sobre Muga. Luego fui consciente de que la empresa necesitaba presencia digital y en redes sociales, así que propuse encargarme de ello.
R. M.: vuestro tío se centraba en la producción, mientras que vuestro padre era la parte comercial y financiera. ¿Cómo encajasteis esos roles en vuestra generación?
E. M: fue natural. Mis primos se inclinaron por la parte técnica; nosotros, por la financiera y comercial. Aunque nuestros padres no lo planificaron, yo creo que sí intuyeron nuestro destino. Mi padre y mi tío eran muy distintos pero complementarios: uno más extrovertido y de relaciones públicas (mi tío) y el otro más estratégico (mi padre). Eso influyó en que nos formáramos que cada rama familiar se formara en esas áreas.
A. M.: yo creo que sí había un plan. Mi padre decía: «tengo cuatro hijos y mi hermano tres; en la parte directiva deben estar dos y dos». Aunque luego, con el tiempo, no ha sido así, pues tanto Eduardo como yo también hemos entrado.
E. M.: ahora estamos actualizando nuestro protocolo familiar, estableciendo condiciones para entrar en la empresa: formación, experiencia externa, entre otras cosas. La siguiente generación son 15 y están en diferentes etapas educativas. Lo clave es que se formen bien y luego, si sienten la vocación, ya habrá oportunidades.
R. M.: ¿qué consideráis que ha sido clave en vuestra formación?
A. M.: la mejor herencia es la educación. Estudiamos en el Liceo Francés de San Sebastián, donde nos enseñaron a pensar y disertar. Pero también es clave lo que aprendes en casa: esfuerzo, trabajo duro y valores sólidos.
E. M.: nuestros padres priorizaron la educación y los idiomas. Sabían que era la mejor inversión. Y nosotros seguimos esa línea con nuestros hijos, reforzando la importancia de la experiencia fuera de España.
R. M.: ¿cómo abordáis en vuestra familia la adaptación a los cambios?
E. M.: las empresas familiares deben adaptarse para no quedarse atrás. Aunque nuestros métodos de elaboración son tradicionales, innovamos en viñedos, selección de uva, inversión tecnológica…. Y, por otro lado, el espíritu emprendedor es clave: cada generación debe aportar algo nuevo.
A. M.: en lo digital trabajamos en branding y en acercar la marca al consumidor. Contamos historias, humanizamos la empresa y exploramos nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. Es un desafío pues no siempre puedes decir lo que tú quieres, sino lo que el consumidor final quiera escuchar o ver,
R. M.: tenéis la suerte de estar en un sector muy atractivo. Pero, a quienes están en sectores menos «glamourosos”, ¿qué consejos daríais para construir cultura empresarial?
E. M.: el legado es fundamental. En una empresa familiar eres como un inquilino: debes dejarla al menos igual o, lo que sería deseable, mejor. También es importante la visión común y la sintonía, que pueden hacer a una empresa familiar muy competitiva.
A. M.: para mí humanizar la empresa es clave. En Muga, me encanta que los empleados sienten pertenencia y se involucren en el trabajo. Tratar a todos con respeto y generar un buen ambiente es esencial.
R. M.: vosotros habéis hecho una sucesión relativamente sencilla. ¿Qué recomendaríais para evitar errores comunes?
E. M.: aparte de elaborar un protocolo, nosotros dedicamos bastante tiempo a consensuar valores. Tener una visión evita discrepancias. También es clave establecer roles y responsabilidades. La generosidad es fundamental: aceptar que otros hacen cosas mejor que tú. Y, por supuesto, comunicación y transparencia.
A. M.: la paciencia también es importante. Cada área tiene su ritmo y cada persona, su forma de trabajar, pero conviene tener normas y valores escritos.
E. M.: otro punto clave es diferenciar los roles ejecutivos de los miembros del consejo de administración. No todos trabajarán en la bodega, pero algunos serán accionistas o consejeros.
A. M.: tener asesores externos también es importante, pues ayudan a definir normas y tener una visión estratégica global.
R. M.: viendo vuestra propia trayectoria, ¿recomendáis la experiencia previa fuera antes de entrar en la empresa?
A. M.: sí, mínimo de tres a cinco años fuera. Te da una visión más amplia.
Eduardo: para mí es obligado, no es una opción. Aunque ahí se corre el riesgo de que alguno decida no volver. Pero, aun así, estaría contento, porque al final lo importante es que sean felices.
Pregunta del público: ¿cómo manejáis los posibles cambios familiares dentro del protocolo?
E. M.: tenemos herramientas estipuladas para quien quiera salir. En eso tener asesores ayuda a definir valoraciones y condiciones para facilitar el proceso.
Pregunta del público: si surge un conflicto con alguno de los miembros de la familia implicados en la empresa, ¿qué hacéis?
E. M.: para eso están los órganos de gobierno de la junta de accionista o el consejo de administración. Tener roles definidos ayuda a gestionar esas situaciones.
Pregunta del público: siendo herederos, ¿os podéis permitir vivir fuera de La Rioja?
A. M.: por supuesto que sí. Vivimos los dos en Madrid. En eso estamos muy abiertos. Hay que ser flexibles y más en este tipo de empresas.
E. M.: esto depende de las necesidades del negocio. En mi caso puedo seguir viviendo fuera, pero la semana que no voy noto que necesito estar allí y “ver caras”.
R. M.: entre las preguntas que nos han llegado, ¿tenéis alguna iniciativa concreta para fomentar el talento joven en la bodega?
E. M.: hemos hecho encuentros para la cuarta generación con poda, vendimia, cata… No lo tenemos regulado pero estas acciones ayudan a que se mantengan conectados. Aun así, quizá deberíamos estructurarlo mejor.
A. M.: antes de la pandemia hicimos experiencias en el viñedo, y en Navidad organizamos una cata con nuestro hermano mayor. Fue muy didáctica, no solo sobre modas en esto del vino, sino también sobre zonas, mercados, números…
Pregunta del público: tenéis una cuarta generación numerosa. ¿Algún plan para que se incorporen al negocio?
E. M.: no hay nombres definidos. Si alguien se interesa, hay un protocolo con pasos a seguir y un plan de formación. Además, si alguien quiere emprender, aunque no sea en nuestra actividad, la empresa puede apoyarlo.
José Ramón Sanz: ahondado en esto, ¿qué tenéis pensado si alguien de la familia quiere trabajar con vosotros?
E. M.: solo se va a hacer si hay un puesto vacante. Incluso contemplamos que la persona de la familia tenga que competir con externos. Ser familia puede dar ventaja a igualdad de condiciones, pero no queremos que ocupen puestos sin responsabilidad