¿Qué mueve realmente a los jóvenes de hoy? ¿Cómo entienden el trabajo y qué necesitan para sentirse atraídos por el proyecto familiar? Su motivación, sus valores y su manera de aprender son diferentes, y comprenderlo es clave para asegurar continuidad. Darles espacio, permitirles explorar, conectar con sus intereses y ofrecerles participación temprana convierte la empresa familiar en un lugar donde puedan crecer sin renunciar a su identidad.
Exploramos:
El pasado 31 de mayo la Fundación NUMA y CEIM – Confederación Empresarial de Madrid-CEOE organizaron una jornada titulada Empresa familiar: la reputación empresarial y el compromiso de las nuevas generaciones, clave de la continuidad. Abrieron el evento Sara Molero Palomino, secretaria general de CEIM, Daniel Rodríguez Asensio, viceconsejero de Economía y Empleo de la Comunidad de Madrid, y Óscar Romera Jiménez, coordinador de Economía, Comercio y Consumo del Ayuntamiento de Madrid.
Sara Molero destacó la relevancia de las empresas familiares para la economía madrileña, y agradeció al Ayuntamiento y a la Comunidad su presencia en este evento y su compromiso con las empresas en Madrid. También agradeció la labor realizada por la Fundación Numa, y el empeño con que se había preparado la jornada.
Óscar Romera destacó que, frente al discurso crítico con la figura del empresario, lo que hay que hacer es “apoyarles sin complejos”. Y para ello, las Administraciones Públicas tienen que ofrecer estabilidad, seguridad jurídica e impuestos bajos, y ese es el empeño del Ayuntamiento, según apuntó Romera. También destacó el espíritu de colaboración que tiene la administración local con la Comunidad de Madrid.
Precisamente el representante de la Comunidad, Daniel Rodríguez Asensio, tomó después la palabra para decir que él es liberal, y que la empresa familiar “aúna dos instituciones que desde la Comunidad protegemos e impulsamos: la propiedad y la familia”. Coincidió con Óscar Romera en cuál debe ser la postura de las Administraciones Públicas sobre las empresas. Y aseguró que, en ese sentido, la Comunidad de Madrid tiene “la fiscalidad más justa de España y una de las más justas de Europa”, y destacó el esfuerzo por desregularizar y favorecer la competencia. “No damos ayudas, pero tampoco ponemos trabas”. Como resultado de todo ello, Madrid “tiene la capacidad de atraer y retener talento”.
Los empresarios deben construir su propio relato
Una vez presentado el acto, comenzó la primera intervención, a cargo de José Ramón Sanz Pinedo, presidente de la Fundación Numa. Sanz presentó las conclusiones de un informe sobre la cuestión que convocaba a todos: la imagen de los empresarios, el papel de las nuevas generaciones en la continuidad de las familias empresarias, y el fomento de las vocaciones empresariales.
José Ramón Sanz comenzó por señalar que hay casi 700.000 empresas que buscan una sucesión para continuar su actividad. Sanz mostró su preocupación por la desafección de las nuevas generaciones. Una situación que no es ajena a “la presión mediática” que hay contra la figura del empresario. El Consejo de Empresa Familiar de CEIM-CEOE, que preside José Ramón Sanz, ha recabado la opinión de John Muller, Gerardo Iracheta Vallés y Arturo de las Heras García para atender esta cuestión. Una de las principales conclusiones es que los empresarios “tenemos que construir nuestro propio relato”.
Los signos de identidad de las distintas generaciones
Le siguió la intervención de María José Martín Rodrigo, profesora del Departamento de Gestión Empresarial de Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, quien mantuvo un diálogo con el consejero de la Fundación Numa, Ricardo Molina Oltra. Éste planteó la cuestión que iban a tratar en la sesión con estas palabras: “¿Cuáles son los signos de identidad de las nuevas generaciones y argumentos para potenciar las vocaciones empresariales? Porque, en definitiva, para que haya continuidad tiene que haber continuadores”. Esta es la cuestión que intentó resolver María José Martín en los siguientes minutos.
La profesora comenzó dándole las gracias a la Fundación Numa por haber vuelto a contar con ella para un evento como este. “Hay que agradecer el trabajo” que hacen las empresas familiares, “su trabajo, su esfuerzo, la contribución económica y social que están haciendo por el crecimiento de las distintas comunidades y sobre todo en tiempos difíciles”.
¿Qué quieren las generaciones más jóvenes? ¿Cuáles son sus expectativas en la vida? ¿Qué valores tienen? La respuesta a estas preguntas nos permitirá entenderlas en su decisión de sumarse o no a las empresas familiares o, al menos, al espíritu emprendedor que tiene la familia. “La generación zeta ya está aquí”, señala María José Martín. “Están en ese tramo de entre los 17 y los ventipico años”.
Ellos quieren estar presentes en la vida empresarial, dice la profesora. Pero tienen sus propios intereses, sus propias señas de identidad que les distingue de la generación Y (milenial), y de la X. Esos valores, o esas formas de entender la vida, no son arbitrarios. “Son el fruto del momento en que nacemos, y del entorno en que crecemos y nos formamos”.
Por ejemplo, la globalización ha hecho que el entorno laboral sea mucho más competitivo, y “los baby boomers hemos tenido que buscar nuestro espacio con un esfuerzo y con un trabajo duro”. Por otro lado, quienes tienen en torno a 40 años o más son exigentes con el entorno laboral, pero no quieren renunciar a la vida personal y familiar. De modo que son muy exigentes con ese aspecto; son “muy peleones con la corresponsabilidad, con la conciliación, etcétera”, dice Martín.
Quienes están en la treintena “son unos terremotos, porque éstos tienen una formación bárbara”, gracias al esfuerzo de sus padres por dársela. Y han gozado de “una oferta maravillosa por lo que se refiere a los conocimientos instrumentales”, como pueden ser los idiomas. También tienen la conciencia de “crecer en lo emocional”. Pero les ha tocado la experiencia de vivir dos crisis: la financiera del 2008 y la impuesta por la respuesta ante la Covid. Y esto les ha hecho replantearse la vieja cuestión de si trabajar para vivir o vivir para trabajar. Y optan por la primera de las opciones.
Pero “como decía antes José Ramón”, en referencia al presidente de la Fundación Numa, “no nos queda más remedio que buscar el encuentro de todas estas generaciones y la intersección” entre los valores de cada generación.
“Entonces”, se plantea María José Martín, “¿qué podemos hacer?”. La primera tarea es encontrar el modo en que se sumen, “porque son como yeguas salvajes, de verdad. Son libres”. Así que hay que buscar el modo en el que puedan desarrollar sus potencialidades; “que se sientan atraídos por los proyectos que les ofrecemos, y que estos proyectos conecten con sus intereses”. Y hay que buscar esas alternativas, “porque las hay”, incide la profesora de ICADE.
Por otro lado, “Yo creo que una manera de no ahuyentar a nuestros herederos es concederles ese espacio de autonomía, ese campo por el cual ellos pueden salir, experimentar, adquirir competencias instrumentales que luego puedan transferir, si es el caso, a la empresa familiar”, añade la profesora de ICADE.
Ricardo Molina le invitó, en ese punto, a hacer un recorrido temporal, biográfico, que nos ayude a entender qué se puede hacer en cada momento. El período hasta los 17 años es “muy interesante para poder afianzar precisamente esos principios y esos valores”, dice Martín. Valores que se enseñan con el ejemplo: “Siendo modelo e invitando a los demás a la pasarela”. Y con la pasarela se refiere a que puedan realizar alguna tarea, o incluso a participar en parte de una junta anual. “Pero el secreto en esa edad es ser modelo e inspirador y dando cauce de participación en ese tipo de actividades”.
Ese período es en el que ellos “van adquiriendo el sentido de pertenencia a la familia y al negocio de la familia, y lo hacen suyo”. Hay que hacer actividades “que hagan urdimbre afectiva y que los chicos de una familia se sientan partícipes de todo”.
Llega la mayoría de edad y comienzan los estudios universitarios o la orientación profesional. ¿Qué debe hacer la familia? María José Martín explicó que, por su profesión de profesora, ha tenido la oportunidad de conocer a multitud de jóvenes. Y ha llegado a la conclusión de que ante todo “a los jóvenes hay que dejarles hacer aquello que a ellos les interesa muchísimo”.
Sus intereses pueden no coincidir con los intereses inmediatos de la empresa familiar, pero señala que hay un elemento muy importante y que no siempre se tiene en cuenta: “La motivación intrínseca es el secreto del éxito profesional”. Contó el hecho de un hijo suyo, que eligió una carrera en principio con menos salidas profesionales que otras, pero que a él le apasionaba.
La respuesta de los padres fue decirle que, si seguía por su propio camino, estará orientado a aprender. Y después de la carrera, y siguiendo sus propios intereses, a lo mejor hace un Máster que le acerca a otro sector del mercado. Pero siempre con ese motor de la motivación funcionando. Y fue lo que ocurrió. Después de unos años trabajando en su campo, cambió de sector, hizo un Máster en marketing digital, y se ha montado por su cuenta.
Pero ese motor se puede estropear si la intervención o injerencia de la familia es lo suficientemente intensa. “He visto, a lo largo de mi vida en la universidad, y con cargos en las jefaturas de estudio, muchas carreras profesionales truncadas”, advierte.
Empresa familiar: un viaje de ida y vuelta
Ricardo Molina introdujo entonces otra etapa en la vida: “Vamos a hablar en positivo y pensemos que tenemos un hijo que tiene ese orgullo de pertenencia, y que quiere continuar. ¿Qué hacemos? Molina sugirió encaminar su formación desde una perspectiva amplia. María José Martín añadió otra consideración: “Bueno, yo en realidad lo que les aconsejaría, aparte de una formación empresarial, es tener experiencias fuera”.
Estudiar o trabajar fuera amplía la perspectiva personal, pues se conoce otra forma de hacer las cosas. Por eso hay que animarlos a que tengan un trabajo fuera “de crecimiento y de desarrollo personal que lo van después a canalizar en su trayectoria profesional”. También sugirió que se acercaran a las tecnologías que están transformando el mercado, como el big data o la inteligencia artificial.
Ricardo Molina le preguntó entonces sobre la sobre preparación que tienen muchos jóvenes; una realidad que María José Martín reconoció que se está dando. Si no se gestiona bien, dice, puede generar frustración y desmotivación. Hay que decirles: “Oye, esta es la empresa que yo fundé. ¿Hay manera de que tú la pongas en acción?”. Es decir, hay que “implicarles con retos y desafíos de modernización”, en los que ellos puedan contribuir.